domingo, 28 de octubre de 2012

El banco malo y Richard Gere (por José Manuel Cansino en La Razón 21/19/2010)


Cuando el precio de los activos que soportan la deuda se devalúa mientras que ésta se mantiene en su nivel inicial (o incluso aumenta si los intereses están ligados a la inflación), las probabilidades de saldar la deuda se reducen. Particularmente, una reducción significativa de los precios de los inmuebles puede obligar a los bancos a considerar como «arriesgados» créditos que hasta ahora se computaban como «sanos» en sus balances. Al mismo tiempo, los propietarios de inmuebles ven como su capacidad de endeudamiento se reduce y con ella, su consumo. Los economistas llaman a esto «efecto riqueza negativo». Por esa razón es tan importante fijar correctamente el precio de transferencia de los inmuebles en manos de la banca española al «banco malo».
Hay un claro conflicto en la fijación del precio de los inmuebles que son actualmente propiedad de los bancos y que van a ser transferidos o vendidos a este «banco malo». 
Por una parte, un valor muy reducido arrastraría el precio medio de la vivienda a la baja y con él la riqueza financiera de las familias (el principal activo financiero de las familias españolas es su vivienda). Finalmente, esto tendría un efecto negativo sobre el consumo de los hogares ya que reduce su capacidad de endeudamiento. También obligaría a los bancos, como decimos, a poner el foco sobre la calidad de los préstamos que tienen como garantía un activo cuyo precio se devalúa. Nada impediría que en breve plazo, «nuestros socios comunitarios» volviesen a pedir más auditorías sobre el sistema financiero español. Y vuelta a empezar.
 
Por otra parte, la troika (Comisión Europea, Fondo Monetario Internacional y Banco Central Europeo) que se ha comprometido a prestar los 100.000 millones de euros para sanear la banca española, está interesada en maximizar el descuento al que se adquieran los inmuebles y demás activos tóxicos que deberá gestionar la SAREB (la sociedad de gestión de activos procedentes de la reestructuración bancaria). 
 
De esta forma nuestros prestamistas pretenden facilitar que aparezcan inversores privados que compren estos activos a precios de derribo ante la expectativa de revalorización futura. Si recuerdan el papel que interpretaba Richard Gere en «Pretty woman» era el de un tipo que compraba empresas en números rojos a precio de saldo, las dividía en partes y las vendía (las buenas) por separado a un precio conjunto superior al que las compró.
 
¿Quién gana interpretando a Richard Gere? 
Al cobrar los intereses ganan los países que prestan el dinero a los bancos con la garantía del Estado español. Ganan los inversores que compran a precios muy bajos pues si luego se recupera el mercado inmobiliario, los suelos e inmuebles se revalorizarán. En fin, deberíamos ganar todos si la confianza en la economía española se restablece y la prima de riesgo se reduce en, por lo menos, los 200 puntos básicos que parece que le sobran y obedecen más a los intereses del oligopolio mundial de las agencias de rating que a las cifras fundamentales de nuestra economía.
 
Naturalmente nada hay seguro pero, analicemos por ejemplo, el precio al que la auditoría de Oliver Wyman recomienda valorar algunos activos tóxicos que van a ir al «banco malo». En la zona de Levante, donde el boom de la construcción tuvo uno de sus mayores nichos, las promociones que se les han quedado «colgadas» a los bancos –buena parte de ellas a Bankia a través del Banco de Valencia– sufrirían una rebaja de entre el 40% y el 75% y los suelos ,de entre el 58% y el 88%.
 
Por tanto, es cuestión de encontrar a inversores que paguen ahora el suelo a precio de erial y aguanten hasta su revalorización.
 
La contrapartida para que «Richard Gere» venda sus trozos de empresa, (esto es, los activos que acabará comprando la SAREB), es que una caída considerable de la riqueza financiera de las familias españolas arrastre el consumo aún más hacia abajo. Reparemos en que llueve sobre mojado. El Banco de España acaba de hacer público que los activos financieros de familias cayeron el 7,6% en el segundo trimestre de 2012, lo que equivale a una reducción de 138.237 millones en términos interanuales (de junio de 2011 a junio de 2012).
Ya veremos cómo acaba esta película. 
 
 
José Manuel Cansino 
Profesor titular de Economía en la Universidad de Sevilla

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