martes, 16 de julio de 2013

La lección de Polonia (José Manuel Cansino -*- en La Razón el 8/7/2013)


Conocido el dato de la bajada en el paro registrado del mes de junio, los españoles bien informados de la salud de nuestra economía parecemos estar con el corazón encogido a la espera de que el próximo 25 de julio se haga público el dato de la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre del año. Será este dato el verdadero test de si se rompe la tendencia de destrucción de empleo que ya se ha cobrado en España casi cuatro millones de puestos de trabajo entre el comienzo de la «Gran depresión» en 2007 hasta ahora.
Pero incluso aunque el dato de la EPA sea positivo, la economía española tiene que seguir sentando unos pilares para su economía mucho más sólidos de los que hasta ahora apuntalaron una «Economía fingida».
Una buena referencia sobre qué es lo que hay que hacer nos la da Polonia. Este país, otrora miembro del bloque comunista, es el único que durante la «Gran recesión» ha mantenido un crecimiento sostenido de su PIB, el único de los 27 países de la Unión Europea.
Ésta es una de las razones por la que la comparativa entre nuestra economía y la polaca se incluye en un libro de próxima aparición que coordina el profesor José Luis Orella de la Universidad San Pablo-CEU. Junto con el profesor Manuel Ordóñez, he tenido la oportunidad de realizar este análisis del que se pueden extraer interesantes conclusiones.
Como tantos resultados en Economía, el primer análisis resulta desconcertante. Efectivamente, si se realiza un análisis de los sectores clave de ambas economías –los que tienen un mayor tirón sobre el resto de sectores económicos– resulta que en ambos países son los mismos. Además coinciden en buena medida con los sectores clave de los 27 países comunitarios considerados en su conjunto.
Sin embargo, un análisis más detallado nos conduce a unas conclusiones que ayudan a explicar por qué, teniendo los mismos sectores económicos clave, ambas economías han afrontado la depresión de forma tan diferente.
Los sectores en cuestión son el del carbón y refino de petróleo, el de metales básicos, el de distribución de la energía eléctrica y el de la industria auxiliar del transporte. La diferencia entre ambas economías está en el peso de las exportaciones.
Para el segundo de los sectores, la parte de la producción que se destina a exportación en Polonia es el doble que en España. En el tercero de los sectores es casi el cuádruple y en el último sector, la economía polaca exporta casi el triple que España.
Por tanto, en una crisis mundial asimétrica como la que nos afecta, en la que unos países están en fase de depresión y otros en expansión, depender en buena medida de la demanda exterior si ésta radica en economías sólidas es la única garantía para no entrar en barrena. Es lo que le ocurre a Polonia.
Las lecciones para la política económica resultan claras para el analista pero no tan sencillas para su puesta en práctica. Idealmente, la recomendación es primar la internacionalización principalmente de los sectores económicos que aparecen como clave.
Naturalmente es un trato discriminatorio que se justifica en su mayor efecto arrastre del conjunto de la economía. De hecho, una reciente investigación en la que he tenido la oportunidad de participar junto con los doctores López-Melendo, Pablo-Romero y Sánchez Braza sobre la eficacia de programas de internacionalización desarrollados en Andalucía por Extenda demuestra sus efectos positivos. Los resultados van a ser publicados por la prestigiosa revista científica Evaluation and Program Planning.
Indiscutiblemente, este tipo de medidas de «discriminación positiva», que suelen plasmarse en incentivos fiscales o en facilidades al crédito con respaldo público, se topan con la oposición de otros sectores que se sienten maltratados. Ése es el reto de los políticos. De los buenos, claro.
En España no debemos caer en la tentación de pensar que el mero cambio en la tendencia de la destrucción de empleo, a pesar de su importancia, nos exime de poner las bases de una economía sólida, muy diferente a la «Economía fingida», un término afortunado que me prestó Eusebio León para uno de mis libros y que es justo de lo que tenemos que huir. No del libro, claro, sino del modelo económico.
* Profesor titular de Economía en la Universidad de Sevilla invitado en la Universidad de Lund (Suecia)

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