miércoles, 8 de febrero de 2017

DESIGUALDAD Y AUGE POPULISTA (José Manuel Cansino en La Razón el 6/2/2017)

A diferencia de lo que ha ocurrido en el conjunto del mundo, la desigualdad en la distribución de la renta ha aumentado en España tras la denominada ‘Gran Recesión’ de 2008. La principal explicación de esa acentuación de la desigualdad está en la excepcional caída del empleo en nuestra Nación. Así lo concluye José Mestres Domenech, investigador ‘Caixabank research’ en un interesante número (el de enero de 2017) en el que se trata esta cuestión. Para Mestres, entorno al 75 % de la mayor desigualdad en España responde a la caída de los ingresos del trabajo como consecuencia de la destrucción de empleo.



Junto con España pero de manera más acentuada EE.UU. y Alemania también muestran notables deterioros en la medida de la desigualdad. La clave para entender la situación estadounidense según Javier García-Arenas, también investigador de ‘Caixabank research’ está en la acentuada polarización laboral de ese país y el actual empobremiento de las clases medias que entre 1950 y 1980, pudieron acceder a empleos en la industria manufacturera con salarios elevados en relación a su nivel de estudios.
Para el conjunto del mundo la OCDE estima que entre 2008 y 2013, la desigualdad en la distribución de la renta ha disminuido si se tiene en cuenta principal –aunque no sólo- el denominado Índice de Gini. Este índice alcanza el valor 0 en la situación de equidistribución y 1 (o 100) en el caso extremo de que una única persona acapara el total de la renta de un país. La reducción en los niveles de desigualdad ha venido de la mano del crecimiento de tres principales economías emergentes muy pobladas; China, India e Indonesia.
Lo que también se pregunta el informe del Departamento de análisis de la entidad financiera catalana con domicilio social en Madrid, es la relación entre la desigualdad en la distribución de la renta y el auge político de los populismos si bien con el foco puesto –llamativamente- sólo en los etiquetados como populismos ‘de derechas’ inexistentes, por otra parte, en España en el día de hoy.
El análisis de Javier García-Arenas permite conocer un resumen de los resultados disponibles ofrecidos por las publicaciones científicas. Estos resultados sólo analizan la relación entre desigualdad y auge populista (que el autor atribuye al Partido Republicano) en EE.UU. La conclusión es que existe una evidencia estadística aunque no muy robusta entre los estados más expuestos a la competencia con China frente a los que no lo están. El análisis lo realizaron los economistas David Autor, David Dorn, Gordon Hanson y Kaveh Majlesi. Un estudio reciente demostró que entre 1999 y 2011 EEUU perdió 1.98 millones de empleos como consecuencia de la competencia comercial con China. De ellos 985.000 correspondieron a la industria manufacturera sobre la que se había construido la clase media norteamericana.
Sin embargo y cuando se analizan otros países aunque siempre con el foco puesto en los populismos “de derechas”, las variables económicas no juegan un papel protagonista en la explicación de este auge electoral. Por ejemplo, los economistas alemanes Manuel Funke, Moritz Schularick y Christoph Trebesch encuentran que el apoyo electoral a estas opciones –entre las que supongo incluyen a la AfD- aumentó un 30 % tras las crisis financieras ocurridas entre 1870 y 2014.
Finalmente, otros investigadores subrayan que frente a las variables económicas, los factores culturales son igualmente importantes a la hora de explicar la irrupción electoral de los partidos que etiquetan de esa manera tan apresurada. Por ejemplo, Ronald Inglehart y Pippa Norris mostraron que las variables culturales mostraban mejor el auge de estas opciones políticas. Esas variables culturales respondían a la preferencia de una parte significativa del electorado europeo a preservar su identidad cultural frente a un cambio de la misma fruto de una inmigración masiva. En este mismo sentido el profesor Eric Kaufmann ha indicado que los partidarios del ‘Brexit’ estaban mucho más preocupados por la inmigración que por la desigualdad. Probablemente, un estudio similar para el incipiente ‘Frexit’ podría dar resultados similares.

En esta tema sin embargo, hay dos cuestiones que el científico no debe dejar de señalar. Por ejemplo, no es riguroso no prestar la misma atención a los movimientos populistas enraizados en la izquierda radical. En este sentido, sería tan pertinente analizar el Brexit como el fallido Grexit sobre la base de que las motivaciones políticas en el primero y en el segundo caso eran diferentes. La segunda cuestión es la rapidez con la que se reparten las etiquetas de populistas a partidos que tienen una ideología muy transversal frente a los esquemas tradicionales derecha/izquierda, conservadores/liberales, provida/proaborto. Naturalmente esto complica los análisis y quizás por eso escasean.

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